- Persona
Nacido en 1901 en Cádiz (España). Se trasladó luego a Madrid y trabajó como chofer en una empresa de camiones de la que llegó a ser gerente. Contrajo matrimonio con Laura Fernández Higuera, con quien tuvo una sola hija, Trinidad Arriete Fernández. Al terminar la Guerra Civil, y a pesar de tener ideas republicanas, tomó la decisión de quedarse en Madrid donde fue detenido, torturado y condenado a muerte. Pasó siete años encarcelado en diferentes centros de reclusión de Madrid, hasta que salió en libertad condicional. Decidió cruzar a Francia por los Pirineos y tiempo después su esposa e hija hicieron el mismo viaje. En 1954 logró viajar con su familia a Chile en calidad de refugiado. Vivió en diferentes ciudades del centro, sur y norte del país, desempeñando diversos oficios. Falleció en 1970 en la ciudad de Arica, sin haber retornado a España. Dejó numerosos escritos con sus vivencias en la cárcel, incluyendo los nombres de sus compañeros de reclusión.
Trinidad Arriete Fernández
Instrumentos descriptivos
Ficha de identificación ISAAR (CPF)
Identificación
N° de fondo
Código:
Tipo de entidad:
Nombres y/o apellidos:
José Arriete y Arriete
Nombre(s) y apellido(s) de los integrantes del grupo familiar:
Otras formas del nombre y/o apellido:
Desconocido
Descripción
Fecha de nacimiento y de muerte:
Lugar(es) y periodo(s):
– Cádiz, Andalucía, España (1901-1925)
– Madrid, España (1925-1948)
Entre 1948 y 1954:
– Annonay, Ardèche, Auvernia-Ródano-Alpes, Francia
– Grenoble, Auvernia-Ródano-Alpes, Francia
– Lyon, Auvernia-Ródano-Alpes, Francia
– Buin, Región Metropolitana, Chile (1954-1955)
– Los Cristales (1) (Fundo Las Rosas de Alberto Benavente), Curicó, Región del Maule, Chile (1955)
– Linares (Fundo las Rosas de César Rozas), Región del Maule, Chile (1955-1957)
– Iquique, Región de Tarapacá, Chile (1957-1960)
– Arica, Región de Arica-Parinacota, Chile (1960/1970)
Estudios:
Trabajos y ocupaciones:
– En Madrid fue chofer y administrador del garaje San Martín, hasta que entró en la cárcel en 1939.
Entre 1939 y 1946:
– Trabajos forzados en la prisión de Valdemancos, en Madrid.
– Por tener uno de los primeros carnet de conducir de Madrid, lo pusieron a trabajar como chofer de la cárcel.
– Taxista en Madrid, al salir en libertad condicional (1946-1948)
Entre 1948- 1954:
– Mecánico en un taller en Annonay.
– Mecánico en un taller de Grenoble.
– Mecánico en la empresa Berliet (fábrica de autos, camiones y vehículos en general) en Lyon.
Entre ca. 1954-1970:
– Trabajos varios en una granja avícola en Buin.
– Administrador del Fundo Las Rosas de Alberto Benavente, Los Cristales.
-Administrador del Fundo las Rosas de César Rozas, Linares.
– Dueño y Administrador de una Residencial en Linares.
– Colaborador en el Centro Español de Linares.
-Socio y fundador de una fábrica de salazón de pescados en Iquique.
– Capataz en una fábrica de ladrillos, en Arica.
Genealogía:
José Arriete y Arriete, hijo de Félix Arriete Otero y Amalia Arriete Velázquez .
Félix Arriete Otero, hijo de Rafael Arriete Rebollo y Amalia Otero Echevarria.
Rafael y Servando Arriete Rebollo, hijos de Tomás Arriete e Ignacia Rebollo.
Amalia Arriete Velázquez, hija de Servando Arriete Rebollo y Juana Velázquez Cuevas.
Todos naturales de la provincia de Cádiz.
José Arriete se casó en Madrid con Laura Fernández Higuera y tuvieron una hija, Trinidad Josefina Arriete Fernández, nacida en Madrid.
Trinidad se casó en Arica en 1968, con Miguel Jofre Canales y tuvieron tres hijos:
Ana Laura Jofre Arriete (1970-1995)
José Miguel Jofre Arriete (1990)
Bastián Andrés Jofre Arriete (1995)
Historia:
Mi padre José, conoció a mi madre Laura en Madrid y allí se casaron. Él era gerente de Transportes San Martín, en Madrid, y vivían en la calle Santa Casilda N° 8, donde pasaron toda la guerra, él en transportes de guerra y ella en su casa.
Muchos de sus amigos y compañeros partieron para Francia cuando la caída de Madrid era inminente. Él dijo que no tenía miedo, porque no había matado ni hecho daño a nadie. Cuando entró Franco en Madrid el 28 de marzo de 1939, fue detenido a las nueve de la mañana y llevado a la cárcel de Bellavista, donde lo registran y le quitan toda la documentación. Se entera de que el denunciante es un tal Balsalobre, que no conoce, de hecho, así fue demostrado en el consejo de guerra N° 1.284.
Entre los detenidos en Bellavista se encontró con el marqués de Hoyos y Vinent, Vicente Minguez Lupiañez, José Gómez y Juan Choclan. Se entera de que las comisarías están llenas y los llevan al estadio Chamartín. Llegan nuevos detenidos: Juan Palomo –comandante de la 14 división de Badajoz–, Antonio Herruso –capitán del Estado Mayor de Alicante–, Antonio Montalbán, Jesús Barbastro, Enrique Venegas y Juan Barahona. Han traído a Valentín de Pedro y sus dos hijos, uno de ellos con la medalla al valor de antes de la guerra.
De Bellavista los llevan a Porlier (2). Ahí se enteran de que habían habilitado las cárceles de Yesería, San Antón, San Lorenzo, Atocha, San Isidro Chamartín de las Rosas, Conde de Toreno, Torrijos, Paseo del Cisne, Príncipe de Vergara, San Bernardo, Quiñones y Carabanchel Bajo. El dolor más grande fue que iba a ver al amigo Valentín, cuando una voz dice “Arriete”, era su amigo Enrique Sánchez Barbero, irreconocible, quien como puede le explica que a Valentín lo detuvieron en la comisaría de la calle Montalbán, detrás del correo. Después de darle una paliza, le rociaron la cara con gasolina, lo dejaron ahí creyéndole muerto y salieron sin darse cuenta de que dejaron una pistola encima de la mesa. Como pudo, se arrastró, la cogió y salió a la guardia disparando y matando a los que estaban ahí. Se quedó sin balas, salió a la calle y se entregó a un legionario que lo trajo a Porlier. En la mañana, sin consejo de guerra ni nada, lo llevaron a fusilar, es uno de los detenidos desaparecidos.
Pasó por distintos penales, terminando en Valdemanco (3) sacando piedras para el valle de los Caídos, y después de nuevo en Porlier. Por sus antecedentes, y por ser uno de los primeros carnés de conducir de Madrid, el director de la prisión, don Amancio Tome, lo tomó como chofer, lo que le permitió pasar las noches donde vivía mi madre, en casa de don Antonio Pastor.
Así nací yo. Me llamaron “la niña del estraperlo” (contrabando). Laura Fernández trabajó y, con ayuda de familias de alto rango –don Salvador Guiu Lario, don Antonio y don Faustino Pérez de Villamil y Pineda, doña Engracia y José María Pérez de Ayala, y doña Maruja Espuñer– que los conocían ya los que ellos habían ayudado durante la guerra porque eran buenas personas, le devolvieron la mano y por eso ella y yo pudimos subsistir todo ese periodo.
La condena a pena de muerte de José fue conmutada gracias a que mamá estuvo tres días y tres noches a la puerta de la capitanía general (Ministerio de Guerra) conmigo en brazos sin comer ni tomar un vaso de agua, para poder hablar con el general Saliquet. El tercer día le tocó el centinela que estuvo primero y se conmovió cuando ella le dijo: “Dígale al general que, si tiene miedo de que yo le haga algo, quédese con mi hija y yo entro como Dios me echó al mundo, pero necesito hablar con él”. Logró que la recibiera el general y, cuando le preguntó qué quería, ella contestó: “Justicia”. “En las filas de Franco hay justicia”, le respondió. “Demuéstrelo, vea el consejo de guerra”.
Delante de ella pidió la documentación y, cuando terminó, levantó el teléfono y dio la orden de suspender la ejecución. Así pasaron los años de penurias. El 6 de junio de 1946, dos días antes de que yo cumpliera cinco años, salió en libertad condicional. En abril de 1948 se fue a Francia por los Pirineos a pie. Trabajó en diferentes ciudades hasta que llegó a Lyon, donde se asentó y nos llevó a nosotros cuando pudo reunir el dinero para pagar a los contrabandistas.
De la muerte de mi padre solo voy a decir dos cosas: todas las mañanas, antes de abrir su botillería, Salvador Aguilera pasaba a verlo. Y ese 16 de enero de 1970 entró al dormitorio, yo estaba sentada en la cama con la cabeza de papá en mi regazo y su mano dentro de la mía. Salvador le dijo: “¿Cómo estás, Pepillo?”. “Bien”, dijo papá, y murió. Parecía que estaba esperando para despedirse de él.
Y lo otro que quedó en mi corazón fue que su médico, Juan Gustavo León Ramos -médico de izquierda y ateo con el que en una estadía en el hospital de Arica hizo una gran amistad-, tuvo por amigo y mentor a un español que llegó en el Winnipeg. Él no pudo acompañarlo en sus últimos días y por eso volcó todo su cariño y respeto en mi padre como si él fuera ese señor. Juan Gustavo salió al patio y me dijo: “Don Pepe tiene que haber sido un buen hombre, cuando Dios le dio una muerte tan tranquila y serena”. Palabras que han quedado en mi mente por siempre, oírlas de un ateo fue lo más bello que he escuchado.
Relaciones
Persona, familia o institución:
Tipo de relación:
Descripción:
Periodo:
Control
Reglas y/o convenciones:
Estado de elaboración:
Fecha de creación:
Fecha de revisión:
Fuentes:
Responsables de la creación y revisión del registro de autoridad:
Úrsula Fairlie Herrera, Daniela Véliz Carbullanca
Información y contenido:
Trinidad Arriete Fernández
Revisión:
Ficha de descripción de fondo ISAD (G)
Identificación
N° de fondo
Código:
Título:
Fecha(s):
Nivel de descripción:
Volumen y soporte de la unidad de descripción:
Contexto
Nombre del o de los productor(es):
Historia archivística:
Contenido y Estructura
Alcance y contenido:
Control de la descripción
Responsables de la descripción:
Reglas o normas:
Fecha de la descripción: