Marco Histórico

El exilio español

La condición masiva e interclasista del exilio republicano español tuvo su presencia más visible en la avalancha de refugiados que, tras la ofensiva hacia Cataluña de diciembre de 1938, cruzó los pasos fronterizos de los Pirineos. La caída de Barcelona el 26 de enero de 1939 consumó la derrota del Ejército Popular Republicano y precipitó La Retirada, un paisaje dantesco de éxodo masivo, bombardeos de la aviación franquista y nieve pirenaica. En la primera quincena de febrero de 1939, aproximadamente medio millón de antifascistas españoles que habían luchado lealmente por defender la legitimidad democrática de aquella “República de trabajadores de todas clases”, atravesó la frontera francesa. Otros doce mil, tras embarcarse en los puertos de Alicante y Valencia, hicieron lo propio desde el norte de África.  

Se consumaba así un exilio de unas proporciones y naturaleza inéditas hasta entonces en la historia de España.   

La mayoría de aquellos republicanos españoles atravesó la frontera francesa a pie, en medio del frío invierno de 1939, cargados con maletas, sacos y bultos que contenían sus objetos más íntimos e imprescindibles. Esos recuerdos que, vistos desde la cotidianeidad de la paz pudieran ser considerados insignificantes por su escaso valor práctico, han cimentado, sin embargo, la identidad de, entre otros, latinoamericanos, franceses y rusos.  

En contra de lo que quisieron pensar muchos españoles, con el final de la Guerra Civil no llegó la paz, sino la victoria y, con ella, la derrota, la venganza y la persecución. En este sentido, no debe olvidarse el gran número de vencidos republicanos que no pudieron salir de España al perder la guerra. Solo algunos, a lo largo de las décadas de dictadura, tuvieron la posibilidad de atender el llamado de parientes y amigos que, desde fuera de las fronteras, los invitaban a establecerse en el extranjero. 

A excepción de Francia y la Unión Soviética –que acogió a unos cuatro mil españoles, fundamentalmente menores–, la presencia de exiliados en el resto de Europa fue escasa. Países como Reino Unido, Bélgica, Suiza o Dinamarca acogieron a unos seis mil niños durante la guerra, que serían progresivamente repatriados, y la presencia de refugiados españoles en estos y otros territorios europeos acabó siendo anecdótica. 

Latinoamérica constituyó, por evidentes motivos históricos, lingüísticos y culturales, un destino mayoritario que abrió un nuevo periodo en las relaciones entre España y el continente americano. Solo los gobiernos de México, Chile, República Dominicana y Colombia se mostraron dispuestos a recibir a los republicanos, aunque las políticas de acogida y el número de refugiados varía notablemente: en 1939, más de siete mil exiliados se habían marchado a México, unos 3.500 a Chile y cerca de dos mil a República Dominicana. 

Por otro lado, si bien el Gobierno argentino apenas apoyó al exilio, cerca de tres mil refugiados optaron por trasladarse allí gracias a la existencia de una tradición migratoria que había asentado una amplia colonia española y creado redes de acogida. 

(Texto extractado y editado del folleto de la exposición “El exilio republicano 80 años después, Biblioteca Nacional de España”).

El exilio español en Chile

Los exiliados que llegaron a Chile lo hicieron mayoritariamente en el barco Winnipeg, que permitió la llegada de cerca de 2.500 refugiados al puerto de Valparaíso luego de una compleja gestión del gobierno del presidente chileno Pedro Aguirre Cerda, siendo éste el único barco que transportó únicamente exiliados españoles, además de un número pequeño de chilenos provenientes de las Brigadas Internacionales. Ciertamente, le cupo a Pablo Neruda -en tanto cónsul especial para la inmigración española en la Embajada de Chile en París- un papel primordial en esta empresa, pero no fue ese un gesto privado del ciudadano y del poeta, sino de Chile entero, pues actuaba institucionalmente en representación del Gobierno chileno.  

Aquel domingo 3 de septiembre de 1939 el pueblo de Valparaíso -hombres y mujeres de todas las edades- dejó de lado sus quehaceres habituales para recibir a los refugiados españoles al son de las canciones de la Guerra Civil. El tren que llevó a la mayoría de ellos hasta Santiago demoró diez horas, en un trayecto que no excedía normalmente de las cuatro, ya que debió detenerse innumerables veces para permitir a grupos de vecinos de pueblos y caseríos del trayecto entregar a los “compañeros españoles” pancito amasado envuelto en paños blancos, queso de cabra, leche y fruta para los niños. Contradiciendo los pronósticos de la derecha conservadora chilena, el pueblo de Chile recibió a los refugiados españoles con lo poco y nada que tenían y con un cariño solidario que entibiaba el alma y entreabría las ventanas a la esperanza. 

Pero no fue el Winnipeg el primero ni sería tampoco el último de los barcos que llegaron a Chile con españoles que huían de España. Otros grupos menos numerosos llegaron también a Valparaíso a bordo de las naves Orbita, Reina del Pacífico, Oropesa y Horazio. Y otros más lo hicieron cruzando el Atlántico hasta Buenos Aires y, desde allí, por vía terrestre hasta Los Andes y Santiago. 

Por otra parte, Chile se convirtió, en ocasiones, en un segundo país de destino. Bien fuera por reagrupación familiar, por falta de perspectivas laborales o escasas posibilidades de inserción social en el primer país de destino, algunos grupos familiares e individuos eligieron desplazarse a Chile para intentar un asentamiento de más largo aliento, sobre todo una vez que la Segunda Guerra Mundial hacía inviable el regreso a Europa. 

Muchos de los que llegaron siendo ya profesionales y otros que completaron su formación acá, así como muchos que se formaron en Chile, dejaron una huella indeleble en la cultura, las ciencias y la academia de este país; todos y todas -los más y los menos conocidos- contribuyeron al desarrollo de la sociedad chilena y forman parte de su historia. 

Entendiendo que el derecho a la memoria conlleva el deber cívico de ejercerlo, este espacio aspira a ser una caja de resonancia para los recuerdos de los refugiados y sus descendientes, el marco en el que se pueda apreciar el tejido donde se entrelazan esos hilos capaces de dar consistencia al tejido social de este país diverso, complejo, mezclado y mestizo. 

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El proyecto Memoria del exilio español en Chile busca identificar, recuperar, preservar y difundir la memoria del exilio español republicano llegado a Chile entre 1939 y 1950, a través de esta página web. En este sitio están alojados:

  • Un archivo digital que reúne las historias de algunas familias e individuos que llegaron durante el periodo señalado, así como parte de sus documentos personales que son custodiados por los propios refugiados o sus descendientes.
  • Un censo guía que permite a los usuarios localizar los centros de archivo que custodian documentos sobre el exilio español.